Durante ese largo viaje que todos llamamos vida, recorremos el mundo, vamos de aquí a allá, conociendo lugares, viviendo momentos, conviviendo con gente nueva, qué hace especial a un lugar, qué hace nacer ese deseo de volver una y otra vez, seguramente las experiencias vividas darán una pauta para considerar volver a visitar un lugar ya conocido. Panajachel es un lugar paradisíaco, lleno de los colores típicos y hermosos del cielo, del agua empozada en un inmenso lago, de esa frescura que viene con el viento de las playas; yo volví a ese mágico lugar al que he visitado una y otra vez, si, para sentirme un rato relajado bebiendo un chocolate caliente durante el atardecer en uno de sus cafés bohemios de la calle Santander, para pasear durante la noche fresca por sus calles pacíficas y llenas de una fiesta permanente, donde la cerveza es casi gratis, para vivir un amanecer de ensueño, preparando mi cámara para fotografiar al sol naciente... Panajachel el lugar donde muchos artistas de paso van a ofrecer sus espectáculos musicales, circenses, o a vendernos joyas artesanales, todas esas razones antes enumeradas son las que hacen nacer el deseo de volver, volver a la tierra mágica de Panajachel, en este post les comparto un par de fotografías de "La Malabarería".
Paseando por la sexta se encuentran tantos espectáculos callejeros, ya he visto muchas veces a los bailarines de música electrónica que parecen disfrutar de gran manera el baile que practican, podrá ser un "hobbie"... pero, ¿Será también un "hobbie" para este pequeño spider-man? se gana la vida bailando la misma música electrónica con su traje de spider-man, bueno, solamente el pantalón del super héroe, la camisa es la del FC Barcelona.
El 31 de mayo de 2014 se llevó a cabo el primer Festival del shuco, actividad realizada por la Municipalidad de Guatemala y la marca de embutidos Bremen. Fue una experiencia llena de colorido, con presencia de música en vivo y animadores callejeros como payasos y personajes en zancos; por supuesto no hicieron falta los tradicionales shucos, de carne, salchicha, chorizo, longaniza o todos en uno, según el gusto del cliente. Seguramente uno de los atractivos era la competencia de comer shucos, en donde los participantes debían comer todos los shucos posibles en determinada cantidad de tiempo, la lluvia se hizo presente pero solamente hizo retrasar unos cuantos minutos el inicio de la competencia, ya que al terminar el chubasco se siguió viviendo con mucho ánimo la actividad, los competidores dieron dura batalla entre ellos y el ganador finalmente logró comer un total de 10 shucos. ¿Cuántos shucos se comerían ustedes? La actividad estuvo bastante interesante, con diversión para toda la familia, incluso para las mascotas ya que algunas se hicieron presentes con disfraces. Aunque no se anunció esperamos que este festival del shuco se repita próximamente, mientras tanto todos a practicar para la siguiente competencia.
Hace más o menos un par de meses caminaba por la ciudad en compañía de unos amigos, casualmente nos encontramos con un parque recreativo, de esos en los que siempre hay juegos como columpios, pasamanos, sube y baja, esos parques a donde acudíamos en la niñez para jugar con los amigos, o cuando nuestros padres nos llevaban en busca de un poco de diversión y distracción, precisamente esos juegos llamaron mi atención y recordé viejas escenas de mi infancia en las que claramente vi como hace años me divertía mucho tiempo colgado del pasamanos, pero no solo colgado si no que lo pasaba una y otra vez. Después de ver esos recuerdos en mi mente, tuve una reacción... esa reacción que le sigue al recuerdo y me pregunté antes: podré hacerlo nuevamente? entonces decidí colgarme del pasamanos y tratar de colocar un brazo adelante del otro para avanzar; sorpresivamente, para mí, claro está, no pude ni siquiera avanzar un peldaño, (le llamo peldaño porque parece una escalera horizontal) quedé colgado sintiendo los brazos tan inmóviles ante todo el peso de mi cuerpo, pensé varias cosas: esto era muy fácil cuando era un niño, será que tengo una muy mala condición física?, pero si antes recorría el pasamanos una y otra vez, qué pasa? vino la risa y los comentarios esperados de mis amigos, quienes después de increparme porqué no podía, si era una cosa tan fácil, decidieron intentarlo, no fue tan sorpresivo el resultado, ellos tampoco pudieron avanzar un solo peldaño, las excusas no se hicieron esperar, pero al final todos supimos que debemos mejorar nuestra condición física, tener una alimentación sana y por supuesto mucha actividad para el cuerpo. Desde ese día decidí caminar un poco más, sacar a mis perros a dar paseos más a menudo, comer saludablemente. Pero la aventura del pasamanos no termina ahí, el fin de semana daba un paseo por Santa Elena Barillas en el municipio de Villa Canales, Guatemala y por casualidad y para mi sorpresa me encontré con un pasamanos en el parque central del lugar, entonces vino el recuerdo más reciente, no el de la niñez, cuando disfrutaba horas usando el pasamanos, si no el recuerdo de cuando no pude hacerlo, así que decidí enfrentarlo nuevamente, era el momento que inconscientemente había esperado desde aquel día en que no pude pasarlo, y ahí estaba ese pasamanos metálico listo para que yo me enfrentara a él, sin dudarlo me colgué nuevamente del pasamanos y decidí poner un brazo adelante del otro; al hacerlo descubrí que esas caminatas, los paseos con mis perros, los paseos en bicicleta, habían tenido un buen resultado para mi cuerpo, el pasamanos había sido vencido.
Visité el municipio de Santo Tomás Chiché, El Quiché, Guatemala, en donde me encontré con esta vista, juzguen ustedes su belleza, no pude evitar fotografiarla y hoy la comparto. Daniel Barrueto.
Hoy les dejo una serie de fotografías que capturé en la playa del Puerto San José, Escuintla, Guatemala, debo decir que disfruto tanto de los colores que forman los amaneceres, es una expresión muy similar al atardecer, habrá que analizar posteriormente cuáles serán las diferencias entre los colores del amanecer y el atardecer. Ahora mi cámara probó el sonido de las olas marinas del pacífico y sintió el calor del sol naciente en un hermoso amanecer, no sin antes haber apreciado a una hermosa luna que ya le llegaba el turno de despedirse, pero no quería hacerlo, espero que lo disfruten. Daniel Barrueto.